martes, 18 de agosto de 2015

Ansiedad

Ahí voy, te juro que ahí voy. 
Esperame un minuto, ya salgo.
Necesito pensar.
Necesito esperarme.

No, si pienso dejo de estar preparada
para enfrentar los días.
No pienso más,
me da miedo pensar.

Adentro está dejando de llover, sí.
No la paso mal por fuera.
A veces mi cabeza hace llover,
pero creo que es para limpiarse.
Creo que, al fin,
estoy entendiendo todo esto.
Estoy entendiendo como funciona.
Entender lo entiendo,
me lo hacen entender,
me explican. 
Lo entiendo.
Pero mi mente y mi cuerpo, bueno.

A veces estoy en la calle y,
siento que se me mueven las cosas.
Siento que llamé a la ansiedad,
que me avisa que está llegando.
Y claro, yo con el pedazo de miedo
que me dejó, la echo.
Le digo que no la quiero ver más acá,
que no me haga cuestionarme más todo.
Le pido que me deje en paz.

Respiro, vuelvo.
Está todo bien, 
ya no me tengo que acordar de como era sufrir.
No tengo que pensar más en esto,
en la ansiedad que me da el tiempo.
La ansiedad que me dan los minutos,
que nunca pasan,
que pasan lentos.
Que me aterrorizan,
me dan asco.
La ansiedad que me dan las palabras,
algunas personas.

Pero la supe controlar cuando me di cuenta,
de que la llamaba con los pensamientos.
Respiro, vuelvo.
Está todo bien.
Estoy respirando viento.

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