miércoles, 12 de agosto de 2015

Mirar el sol

Te sentabas a mirar el sol,
y bajabas la cabeza cuando te molestaba.
Volvías a mirar el sol, 
sabiendo que iba a volver a pasar.

Como si cometieras el mismo error
una y otra vez (una y otra vez).

Lo seguías mirando,

hasta que se te llenaban los ojos de lágrimas.
Te ardían, estornudabas.
Pero te daba la sensación
de sentir mucha vida,
de respirar viento.

No entendías como los demás no hacían eso.

Y por qué nadie mira el sol,
por qué le rechazan la mirada.
No entienden nada.

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